jueves, 15 de noviembre de 2012

Llueven billetes.


Llueven billetes.
Acrílico y óleo sobre lienzo. 65x50. 2012


Están lloviendo billetes. Billetes de mil, de quinientos, de cien. Billetes verdes, morados, amarillos. Llueve (sea por cuando no lo hace).

Los recuerdos viejos se van seleccionando y escogiendo con los años.  Algunos pocos de ellos quedan para el  resto de la vida como paradigma de momentos similares, ilustración de sucesos parecidos, chascarrillo de situaciones recurrentes. Por ejemplo, siempre que llueve y lo hace sin destrozo recuerdo a tita Trini cuando, en casa de mi abuela una tarde de final de verano, veía llover y hacerlo bien. La luz del día se había vuelto gris y azul, mi abuela cosía ajena y distraída pensando en sus propias cosas mientras tita Trini miraba como caía la lluvia y al verla caer daba saltos y levantaba los brazos como si bailara: “Están lloviendo billetes” repetía eufórica. Porque, efectivamente, el agua buena de septiembre y octubre es remedio de pronóstico para que engorde la aceituna (quizás sea por estas cosas y por recuerdos como este por lo que mi programa favorito es El Tiempo).

Llueve
Ahora parece que aprieta


Viene esta historia a cuento por la estampa de hoy. Un acrílico-óleo que representa la próxima cosecha doblando las ramas de la oliva, en la tarde empapada de  un día de octubre en el que caían billetes de punta. Una tarde en que la luz sin brillo (lámpara de bajo consumo) chorreaba por las hojas, por los troncos y por los frutos y los saturaba de lluvia y color.

Caen

Lloviendo billetes, 
gotean las hojas, rezuman las aceitunas.
El agua es cuerno (o vaso o caña) de la abundancia. 
Aceitunas verdes como billetes de mil.
Billetes colgados de las olivas. 
Tiempo y  campo de otoño encogido por la humedad y el frío, 
palpitando con la esperanza de nuevas y mayores abundancias.
Una baba verde y brillante abriga los cuerpos de las plantas.

Llueven billetes, se despeña la lluvia por los aleros.
La niebla sube y baja cortando el paisaje a distintas alturas  y en dos dimensiones. 
Perfiles y relieves escondidos, por un momento sorprendidos,  
fantasmas de las curvas de nivel que viven en el subsuelo abstracto de los planos.

Un golpe de aire y una muchedumbre de gotas cae desde las ramas salpicándonos la cara.

Billetes empapados
Billetes chorreando



En el otoño, cuando todo parece que se está acabando y muriendo, crece y engorda la nueva cosecha. Si llueve. Si llueve, bajo la luz triste que alumbra con suavidad, nace el anuncio de un buen año que traerá, Dios y el precio del aceite mediante, nuevas y ansiadas prosperidades.

No se lo que llueve en otros sitios cuando llueve (en las capitales creo que sólo cae agua. La que luego se utiliza en las cisternas) pero en Quesada (y en casi todos los pueblos), cuando llueve a tiempo y bien, llueven billetes.
Fajo de billetes
Billetes de mil










Una tarde hermosa de agua


llueven billetes