domingo, 26 de agosto de 2012

Marbella vista desde una barca, en la distancia.


Marbella desde una barca. Photoshop. 65x50. 2012

Marbella vista desde una barca, en la distancia. Por la parte de poniente los reflejos agonizantes y saturados del sol que se va. Por la parte de levante las sombras que empujan a las luces del día. Esta pintura digital es un plano general con pocos detalles y que además de pocos han quedado algo movidos, seguramente por el vaivén de la barca entre las olas. Pocos y poco definidos  pero los bastantes para que se pueda distinguir la Concha, el hueco de Istán y del pantano, el pico de Juanar y alguna cosa más del esqueleto de este paisaje. Es una selección personal de huesos sin más causa y justificación que el propio gusto y gana.

Siempre he visto Marbella en la distancia. Llegué tarde a este mundo que tan a menudo no entiendo (y no sólo por cuestión de idioma que, a veces, también). Llegué tarde y poco relacionado.  Mi natural huraño y a menudo retraído, en el sentido de persona que se refugia en lugar sagrado o de asilo, ha hecho poco o nada por aumentar la relación y por acercarme al entorno. Vivo en el extrarradio mental y social, aislado como un naufrago urbano.
Amanecer
Atardecer




Manejarse desde una barca mar adentro supone, como cualquier otra manera de estar, abrazar unos pros y contras perdiendo los pros y contras de los "estares " desechados.  Todos ellos tienen sus partes malas y sus partes buenas. En mi caso, entre las cosas que gano creo que no es la menor la libertad y licencia para recoger, sin más criterio que el propio gusto, las partes, los trozos, los momentos y las luces del entorno que me gustan hasta obtener una combinación propia, individual y caprichosa. Una mezcla de la que se derivan costumbres y hábitos específicos y que es bastante ajena y lejana a la que parece que se ha establecido como consenso (sospecho cada vez con más fundamento que ese consenso es menos común y generalizado de lo que imaginaba). 

Desde cualquier mirador que esté a una cierta altura es corriente avistar grandes petroleros y grandes cargueros retacados de contenedores que van y que vienen del Estrecho, medio escondidos en la humedad del aire mar adentro (¿se le podría llamar a esta humedad calima marina? ¿cómo se llama la neblina de vapor y sal que borra el horizonte los días de calor, los días en los que el viento lleva cierta dirección, en los que tiene determinada procedencia?) Uno tras otro se cruzan enormes y lejanos, silenciosos, siguiendo en el mar de Alborán una senda de agua por la que como hormigas de acero gigantes portean la carga a la espalda, en la panza su tesoro. Desde los más altos miradores de las sierras y montes se les ve aparecer  de improviso, por detrás de las crestas y las peñas, saliendo de entre las agujas de los pinos más veteranos, avanzando, sudando cada paso, arrastrando los pies y la espalda doblada…
Barcos desde Juanar 1
Barcos desde Juanar 2




Barcos desde Juanar 3
Ya comprendo que existe un guión muy famoso, muy vendido, del que se han hecho incontables ediciones y miles de reimpresiones, que explica como son las cosas existentes aquí. Que guía a las gentes ciegas por el laberinto confuso de las cosas apenas imaginadas. También comprendo que con los anteriores conviven  otros guiones más minoritarios que se componen de vida y recuerdos, de olores de antes, de miedos y temores del pasado. Que son relatos individuales y distintos pero de tronco común y de párrafos compartidos. Los comprendo a todos pero a todos ellos soy ajeno. Al convencional porque no, a los otros porque en este punto no tengo yo pasado. Por mucho que busque y coleccione fotos antiguas o procure estudiar pasados arqueológicos, mosaicos desaparecidos, restos perdidos de un antes entre los muros y los jardines, yo aquí (por una vez puedo decirlo) no tengo pasado.

He ilustrado con algunas fotos los muchos momentos y tiempos que me gustan. Pero hoy me he acordado de la lluvia. Me gusta Marbella cuando llueve. Cuando llueve las nubes vienen del mar, intentan avanzar tierra adentro pero se quedan bloqueadas en las peñas de la Concha. Cuando llueve lo hace hasta que las nubes se deshacen, hasta que se licuan por las torrenteras y los barrancos de vuelta al mar, arrastrando tierra, piedras, ramas y algo de suciedad. En cada temporal que viene del Estrecho llueve durante varios días seguidos y lo hace con una regularidad y persistencia impropias de esta orilla del continente. Llueve y truena y la mañana tiene el mismo color que la tarde. Sólo hay día, no hay horas. Grises húmedos en las paredes blancas,  no es un paisaje mojado es el mundo empapado. Los faros de los coches hacen en los suelos encharcados mosaicos con fugaces teselas de luz que se mueven, oscilan y desaparecen. Llueve y no se escucha más que el torrente de gotas cayendo del tejado: Niebla gris, suelo gris, las plantas son grises, rayas de plata en los fondos oscuros de la imagen.
Pertinaz lluvia
Después del temporal


Cuando llueve llueve tanto que los regatos medio secos de los veranos bajan baladrones, arrastrando cañas y rugiendo como si fueran grandes ríos desbordados, espanto de orillas y riberas.

Una gota se junta con otras gotas en el cristal de la ventana y cae zigzagueando como rayo transparente sin trueno. Se enciende un relámpago en la lámpara del techo y huye la penumbra mojada y gris. No hay mañana ni tarde ni luz de una o de otra, no hay horas , sólo día igual cuando empieza que cuando acaba.

Llueve. Llueve y el agua lo aplasta todo. Una hoja muerta del árbol de los olores mojados baila en el hueco de la escalera, aroma triste que recuerda vagamente a otros de inviernos ya olvidados.

Cuando llega la noche, aunque artificial, se hace la luz y desaparece el color sombrío, ceniza mojada, de la tarde y de la mañana. 

Llueve y la lluvia dibuja círculos nerviosos en las baldosas de la terraza. Apenas por un momento se abren las nubes y dejan ver como chorrea el agua por las paredes de la Concha. De las piedras y los ladrillos rezuman gotas. El cielo se cierra con candados de agua y niebla.

Llueve. No para de llover. Llueve con una canción monótona de una sola nota. Llueve. Escalofrío. Huele. Atardecer y amanecer mojado. El Mundo siempre se mueve, excepto cuando estos temporales llegan por el Estrecho.
Pescando frente a San Pedro
Concha, primer plano





Tormenta
Últimos rayos de sol