domingo, 8 de abril de 2012

La puerta del infierno

Chimenea de Lacra.  Photoshop. 65x50. 2014


Entre los chistes más viejos y desgastados, uno de los que peor ha sobrellevado el paso del tiempo es el de aquel que prefería ir al infierno porque es allí donde están las putas y las artistas. A estas alturas nadie se ríe con él, nadie se ríe ni siquiera por compromiso con este chiste tan manido. Sin embargo, a su manera, ilustra sobre la paradoja que suponen  los premios que realmente no son tales y que nadie los quiere. La paradoja de los castigos mal diseñados, pensados por quien castiga desde su propio punto de vista y de no deseo (lo que no le gusta a él) y que, a menudo, no es lo que disgusta a la victima. Dicho de otra manera y resumiendo, el castigo para muchos sería ir a misa, no al infierno.












Cada vez estoy más convencido de que salvo que tu trabajo sea fotógrafo de bodas o forense (periodista ya tampoco porque las fotos de las noticias las hacen los propios testigos del accidente con teléfonos móviles), el mejor uso que le puedes dar a una cámara fotográfica es jugar con ella, especialmente cuando estas aburrido o en algún otro estado asimilable. Se han hecho a estas alturas de la película más fotos que estrellas y planetas hay en todos los universos posibles. Se han hecho de todos los temas y asuntos y con todos los efectos y trucos que el ojo humano es capaz de distinguir. La fotografía digital, en la que no se tiene miedo al disparo y al coste del revelando, tiene buena parte de la culpa de esta saturación. Ya está todo hecho, parece difícil dar el golpe o sorprender a alguien (a la fotografía le ha pasado como a las exposiciones universales, que por bien hechas y montadas que estén ya no sorprende a nadie). Por eso, lo mejor que se puede hacer con una cámara de fotos es jugar y entretenerse y de ahí que hoy en día lo importante no sean los píxeles y las ópticas sino el peso. De ahí que no importe la poca definición de un teléfono porque lo que cuenta es su tamaño para llevarla siempre a mano y poder jugar y entretenerse (ver aquí)


Un estado asimilable al aburrimiento, por lo que tiene de relajo de los sentidos y falta de  prevención ante los depredadores, es el que provoca la contemplación de la lumbre ardiendo en una chimenea. Sentarse delante de ella con una máquina de fotos en la mano obliga de inmediato a jugar. A jugar con las luces y las sombras del fuego, con los colores, con los humos y las chispas que salen de la madera fundida. A jugar con los programas, con la exposición, con el zoom, con el flash y con todos los mecanismos del aparato (siempre superiores a lo que cualquier persona normalmente constituida es capaz de aprender y manejar).














De una tarde de fuego y de juego delante de la lumbre de la chimenea de Lacra vienen estas fotos de ascuas y llamas. Hice muchas, si no fueron cien seguro que fueron ciento veinte. Jugaba con la lumbre, buscaba en ella rincones y colores. Jugaba con la cámara toqueteando todos los botones, a tientas, por probar, por no estar quieto. Un juego muy entretenido al que se puede jugar cómodamente desde la mecedora.


El resultado del entretenimiento fueron fotos en las que se veían huecos, entradas a algo. Espacios vacíos que en su amontonamiento dejaban los troncos y los palos; detrás de ellos arrancaban pasillos ardientes. Es decir,  resultaron las fotos de algo parecido a las   puertas del infierno (imagino que serán así aunque no las he visto). Resultaron algo parecido a los efectos especiales de una película barata, esas películas de mitología con Hades saludando, recibiendo, a la entrada. Aquí, delante de la chimenea del cortijo de Lacra, la laguna Estigia es de vino y cerveza y la barca de Caronte es un plato de loza blanca que se maneja con pértiga o tenedor, para adentrarse  en las profundidades de la morcilla y el chorizo, del tomate aliñao, de la anchoa y el boquerón, del queso y la croqueta materna. Buen castigo es este infierno: a su calor acude el gato y llegan corriendo los perros suplicándome con los ojos que comparta el peso de semejante cruz. Como sucedía en el chiste, quien impuso este castigo pensó en su disgusto, no en el mío.

Puerta del infierno
Otra de las puertas













Llama escapando
Magma vegetal













Alma en pena 1
Alma en pena 2



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